Al Estilo Colombiano

“Cali es Cali, lo demás es loma” Tal vez quien dijo esta frase por primera vez pensó en el distrito, en Aguablanca, ese lugar que está en Cali pero que ha sido olvidado por los caleños, la loma, de allí de donde salen los mejores, porque “un barbero para ser bueno, primero deber ser aprobado por los del Distrito”.

Por: Valentina Pataquiva

Eso dice Yeison Valencia, un joven nacido en la tierra del azúcar, orgulloso de ser negro o nigga o prieto, como ustedes quieran, él sabe lo que es y lo que quiere ser, ingeniero civil “de esos que hacen puentes y carreteras”.

A los catorce años aprendió este arte como el mismo lo llama, comenzó haciendo “mandados” a sus amigos barberos y en cada oportunidad que tenía se dedicaba a ver el movimiento de la máquina y la cuchilla, hasta que un día se animaron a enseñarle el arte del corte americano y allí fue, después de la primera trasquilada perdió el miedo y hasta las mamás de los niños del barrio Ciudad Modelo, en donde creció, le decían que les fiara el corte. Así fue ganando fama y experiencia, para ese momento Yeison no era más el de los mandados, ya era un barbero que llegó a peluquear a unos pocos en Aguablanca, el barrio en donde la salsa choque se escucha primero y los diseños en las cabezas no hacen parte de la moda si no de un estilo de vida que te identifica en el barrio, porque el Distrito es la escuela.

Al son de Rap recuerda su primera máquina, le costó cincuenta mil pesos, ya son cinco años de eso. Hoy hasta los blancos lo buscan para que “los ponga pinta” porque “el negro tiene sabor” dicen ellos y de un blanco no se dejan hacer el corte, la confianza está puesta en este arte del que se dice, entró por Buenaventura para alojarse en Cali, y traer consigo el estilo impuesto por basquetbolistas o futbolistas famosos cuyos cortes llevan sus nombres.

Foto Valentina Pataquiva

Yeison no tiene su propia barbería, pero su amigo el ‘Monkey’, dueño del lugar donde trabaja le ha dejado el negocio en sus manos, hay confianza y lealtad porque se conocen de toda la vida, al igual que con su compañero y amigo Brian se consideran una familia. ‘El negro’ como le llaman, se siente cómodo donde está y feliz con el arte que decidió aprender, y cómo no, si paso de peluquear en los andenes a sus amigos, por solo dos mil pesos, a atender todo tipo de cliente en un buen lugar, con más de 400 canciones para escoger, entre ellas una que otra ‘salsita’. Hoy cobra siete mil por corte, ahora si se ve “el cash money” dice sonriente, se nota que disfruta lo que hace porque mientras pasa la máquina con destreza hace uno que otro paso al ritmo de la música y para que, pero tiene el ‘swing’ propio del caleño, del afrodescendiente.

Historias como la de Yeison abundan en la ciudad. El barbero urbano hace parte de la cultura, de la expresión del arte en las cabezas, es identidad, es belleza, es estilo americano que cada día se vuelve más latino, más criollo, más colombiano. Como lo dijo el escritor Juan Villoro en uno de sus artículos, “el ritmo narrativo de una ciudad depende de estas profesiones, que en forma complementaria ofrecen los relatos que se les ocurren a los sedentarios y los que se les ocurren a los nómadas”. Por siempre las barberías serán lugares que encierren historias de sueños, de amantes de la música o de cortar el pelo al mejor estilo colombiano.

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