El arte contra el vandalismo: un grafitero colombiano en Singapur

El grafiti es considerado para algunas personas como un estimulante, una actividad liberadora o simplemente una expresión que añade color y variedad a un entorno gris;

Otros en cambio, lo consideran como un reflejo de descuido y hasta un crimen ofensivo a ciertas sensibilidades sociales. Las opiniones sobre este estilo de arte son tan variadas como su uso; pues éste, define su contexto, tanto como el juicio del artista o del “vándalo”. Es así que el grafiti causa curiosidad al espectador no sólo por su afición en su revelación, sino por la controversia que genera.

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Anteriormente, en las calles de Singapur se realizaba la escritura de lemas, dibujos y tags en la propiedad pública y privada de una forma descontrolada. Los ciudadanos utilizaban desagües públicos, entre otros lugares, para expresar lo que en esos tiempos el ministro de defensa consideraba como “elementos antisociales y anti-nacionales en nombre de la democracia”. Fue así como en 1966 se prohibió el grafiti por medio de la ley de delitos menores.

Mientras en Singapur se empezaba a prohibir el grafiti, al otro lado del mundo nacería un romance que cambiaría el concepto de esta historia para siempre. María Eva Rodríguez, una joven profesora tolimense viajó a Ecuador para asistir a una conferencia, donde un encuentro inesperado con Gilbert Mathieu, un profesor Belga, le daría otro rumbo a su vida. María Eva y Gilbert terminaron creando un amor a distancia, de cartas y poemas, las cuales inspiraron a Gilbert a mudarse a Colombia para pedir la mano de tan tierna profesora. Pronto la pareja se casó, tuvieron su primer hijo Miguel, y dos años después en Armenia, nació Didier, el protagonista de nuestra historia.

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Didier, su hermano Miguel, y dos primos. Cali, Colombia 1981.

Al final de los años ochentas, la situación socio-política en Colombia se tornaba muy peligrosa debido al narcotráfico. Esto conllevó a que la familia Mathieu decidiera mudarse a Europa, Didier en ese entonces tenía catorce años. Dos años después, en medio de su interés por conocer nuevas personas en ese distante país, comenzó a pintar en las calles de Bélgica, sembrando su afinidad por el grafiti por medio de la música rap.

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Confiando en su talento, Didier comenzó entonces sus estudios en Arte Espacial e Ilustración, en St Luc Lieja Bélgica. Su madre, María Eva y su padre, Gilbert siempre apoyaron la libertad de expresión y más de una vez tuvieron que pasar por desagradables encuentros de Didier con la policía. Pero para él, el “vandalismo” no era lo que lo atraía a pintar en los trenes de la ciudad o en las paredes de los barrios; lo que lo atraía realmente era la libertad de poder crear una inspiración alrededor de un ambiente reprimido. Fue así, por medio de la controversia entre el arte y el “vandalismo”, que Didier fue prontamente reconocido como un líder de la cultura grafitera en Bélgica, tanto así que le pagaba a sus abogados con su arte.

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Barcelona, 1998.

Después de un tiempo, Bélgica dejó de ser un reto profesional para él, así que en un momento de desesperación envió imágenes de su arte a cinco empresas extranjeras al azar. Meses después, recibió una oferta inesperada de Singapur para trabajar con Lucasfilm, el renombrado taller de artes digitales fundado por George Lucas.

En el 2007, Didier comenzó a trabajar en su primera película, Transformers, sin conocer el software que utilizaban y aprendiendo conjuntamente de su trabajo en ese momento. Su talento lo destacó desde un comienzo, recibiendo reseñas por su excelencia y siendo retado con las tomas más difíciles. En sus tres años en Lucasfilm, Didier desarrollo su diseño digital con una gama de películas desde Indiana Jones hasta Iron Man y Star Trek (ésta siendo su favorita por la increíble oportunidad de aprender directamente de los maestros en Lucasfilm San Francisco). En este sentido, Didier nos cuenta: “es muy chévere cuando ves tu nombre en los créditos de una película, es una experiencia única.”

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Straits Times
Iron Man / Star Treck 2008
Star Treck 2008 Transformers 2007

En Singapur, actualmente el grafiti continua con su fama de “vandalismo” al igual que con su intolerancia por la ley, pues aquí “te pintan” una multa de SGD$ 2,000 o te dan prisión hasta de tres años, junto con castigo corporal (tres a ocho golpes de vara). Una pena costosa demostrando el desafío entre el arte y el vandalismo. La rigidez hacia este delito es notoria, especialmente por sus casos internacionales con expatriados culpables suplicando amnistía.

En contraste, Colombia siempre ha tenido leyes relativamente relajadas en este aspecto, especialmente ahora con la desclasificación del grafiti de “crimen” a un simple incumplimiento de la ley. Eso ha llevado a que en el país se haya establecido una “cultura de pared” donde los artistas crean obras de arte elaboradas y cuestionan activamente la dualidad entre el arte y el “vandalismo”, e incluso entre la publicidad y el grafiti. Las ciudades vibran con obras hechas por talento internacional y nativo, convirtiendo el arte callejero en una atracción única, turística y cultural.

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PAPAGALLOS. Didier ‘Jaba’ Mathieu. Medellín, Colombia, 2015.

Parecería que las leyes entre mi natal Colombia y mi país adoptivo Singapur, son como el día y la noche, una bipolaridad desde la permisividad hasta el autoritarismo. Mientras otros países consideran el grafiti como una abominación hecha por jóvenes beligerantes con tendencias criminales, Colombia ha tratado de adoptar el grafiti como la expresión artística de su gente. Singapur, desde el otro espectro, mantiene un constante resentimiento en la población por el control de la expresión pública. Algunas personas incluso llegan a pensar que Singapur es hermosa y deslumbrante, pero un poco insípida a primera vista. He ahí una revelación sobre la importancia del equilibrio entre la justicia de las leyes, los que las implementan y el impacto a su cultura.

Por este motivo, el gobierno de Singapur ha invertido generosamente en las artes para crear instituciones como SOTA (Escuela de las Artes, por sus siglas en inglés), ha fomentado colaboraciones corporativas como Lucasfilms, y ha impulsado la creación de eventos comunitarios como Singapore Art Week para apoyar sus artistas y revitalizar el espíritu kampong.

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Aliwal Urban Art Festival. Jaba & Blackbook. Kamong Glam, Singapur, 2017.

En el sudeste de Asia, las primeras manifestaciones artísticas callejeras aparentemente comenzaron en China, creando cierta influencia para nuevas apariciones en países vecinos como Filipinas, Indonesia, Malasia y Singapur. Antes había muy pocos que se atrevían a pintar un grafiti y básicamente eran denunciados. Actualmente, bajo un marco legal que ha creado el gobierno de Singapur para apoyar este arte, podemos disfrutar del grandioso talento de Didier, que va desde el hiperrealismo a lo abstracto, con su inclinación hacia el “método salvaje”, o wild style, sin necesidad de dibujos ni cuadrículas. Para él, el grafiti tradicional es letra, pero dice que casi nadie va a pagar por eso en Singapur; el público quiere cosas que pueda entender y que sean agradables.

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Hiperrealismo: DREAMSCAPE. Photoshop, 2014.
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Abstracto: JABA FREESTYLE. Wildstyle spray, 2015.

Después de pintar en Haji lane en el 2010, Didier inspiró un movimiento en ese barrio que se repartió por Singapur. Sus herramientas eran las latas de aerosol, un andamio de bambú, sus manos y la fe de la propietaria quien en un desafío burocrático inusual, dejó pintar primero y pidió permiso después. La ciudad hoy en día ha llegado a tener influencia de muchos otros artistas internacionales tanto como locales que lucen sus obras en algunas de las calles más visitadas del país. Si todavía no te has dado cuenta, ese famoso mural en las paredes del restaurante Piedra Negra y Blu Jaz Cafe (Haji Lane, distrito de Kampong Glam) son obra de Didier ‘Jaba’ Mathieu.

Didier también impactó el ambiente estudiantil en Singapur enseñando sus técnicas en Nanyang Polytechnic en el 2011. Por medio de él, muchos estudiantes tomaron sus primeros trabajos en Lucasfilm. “El trabajo con alumnos es muy gratificante, uno se siente mejor apreciado como profesor que bajo el estrés de la fecha de entrega de las películas. Los supervisores en Lucasfilm me afilaron el ojo y me hicieron crecer como artista, pero los estudiantes me dieron una recompensa humana incomparable”. Mientras enseñaba, continuaba pintando y haciendo exposiciones con el sueño de enseñar en las universidades de Colombia. Su misión era inspirar a los jóvenes, pero ellos resultaron inspirándolo a él con esperanza para el futuro.

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EL LIO. Piedra Negra. Esquina de Ophir Rd y Beach Rd, Singapur, 2016.

Didier nunca se atrevió a hacer un grafiti ilegal en Singapur, la rebeldía que lo caracterizó en otros países es cuestión del pasado. A partir de Nanyang, Didier tomó un nuevo rumbo trabajando en su primera revista de historietas, o comics, que fue lanzada a finales del 2016. Un trabajo desafiante de dos años en un nuevo campo y un logro importante en su carrera artística.

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“La cultura de Colombia está en cada nativo y la diversidad es increíble a todo nivel. Intelectual, cultural y artísticamente Colombia se distingue en las Américas. El colombiano es bien recibido artísticamente y esto se puede comprobar con las tantas obras de Botero que lucen enfrente de los edificios más lujosos de esta ciudad” comenta Didier.

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KATHAKA. Little India Art Walk. Esquina de Serangoon y Upp Dickson, Singapur, 2017.

Desde hace veintiséis años, Didier ha contribuido con su talento a la “cultura de pared” desde Colombia hasta Singapur, pintando en cuatro continentes y más de cuarenta países, demostrando lo mejor del arte callejero (y digital) en el mundo. No le importa si se encuentra pintando en medio de una balacera en las favelas de Río de Janeiro, o literalmente, limpiando las calles de Bélgica, sino la riqueza de su experiencia. Didier ha elevado calles abandonadas no solo con su arte, también con su trabajo comunitario, creando espacios sanos.

En la actualidad, Didier adelanta su maestría en Bellas Artes en LASALLE College of the Arts y de paso, sigue creando su legado. Jaba nos demuestra un nuevo patrimonio para los colombianos en Singapur. ¡Quién iba a pensar que un oriundo de Armenia fuera a dejar su huella de aerosol en las antípodas!; y después de todos los cientos de murales y grafitis que ha hecho, siente que todavía no ha pintado su grafiti favorito, eso quiere decir que ¡lo mejor está por venir!.

Por: Natalia Angel
Fuente: https://colombianosensingapur.wordpress.com

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