Articulos: Alan Rojas | Pensemos la enseñanza del rap

Pensemos la enseñanza del Rap

 Frente a la aparición de cursos, talleres (o sus múltiples derivados) para la enseñanza del rap, cabe preguntarnos: ¿El Rap puede enseñarse basado en un programa y de forma directa por un agente experto en la materia, o se aprende de forma individual bajo su exposición vivencial? No hay nada de simplicidad en el cuestionamiento, ya que argumentar a favor de una u otra disyunción radicaliza por completo la concepción de la palabra: RAP.

 La existencia de fracciones opositoras a talleres de rap, ponen de manifiesto (al menos) dos cosas (visibles): 1) Entender al rap como un instrumento para predicar un sentimiento, ideología, problema o hacer una catarsis desde la percepción de un “Yo-creador”; enseñar cómo se debe predicar viciaría la pureza: uno debe descubrirse. 2) La historia la escriben los vencedores. Fácilmente podría caerse en la radicalización del conocimiento a trasmitir por el “Yo-emisor” al (los) “Yo-receptor” (res); puede el “Yo-emisor” enseñar algo no certificado por “x” (en este caso, pienso, por el consenso mayoritario de la sociedad Hip-Hop) consiguiendo nuevamente viciar o perjudicar la cultura y/o parcializar una corriente. El que predica puede ser, por dar un ejemplo, alguien que concibe al Rap como una expresión de las clases oprimidas, la manifestación de los sentimientos y/o una corriente musical maleable y punto.

 Antes de continuar, sin pretensiones de poner candados a lo ya dicho, hay que entender que no se está poniendo en cuestión que el “Yo” aprenda o no rap; que bastante absurdo sería. El hombre aprende y olvida: se nace de cero para llegar a cero (en ese camino aprendemos tantas cosas, que terminamos por olvidar otras). El punto es si el “Yo” aprende por un tercero hacer (o entender) Rap, o bajo la exposición en vivo (en la experiencia al chocar con el Rap, y en su búsqueda autodidacta para entender la experiencia estética o repetirla o generarla).

A pegados a la línea del conocimiento conducido por el “Yo-emisor”, ponemos sólo una cosas (al menos)-(visible): 1) No es que sea malo aprender individualmente qué es el Rap y llevar dicho conocimiento para generar lo aprendido (más Rap), el problema es que dicha travesía nos aísla; no es lo mismo que el “Yo” conozca el mundo, al “Yo” conociendo con los “Otros” el mundo. Dicho de otra forma: los talleres de rap, pueden formar en otredad qué-para qué-y cómo se hace el Rap. La conducción planificada podría generar la retroalimentación, el cuestionamiento colectivo. Desde luego que se corre peligro de implantar ideologías, sistemas, e incluso la moral particular del tallerista; por ejemplo, si el “Yo-emisor” siente disgusto por alguna corriente en el Rap, podría trasmitir inconscientemente al “Yo-receptor” ese sentimiento sin que éste tenga razones. Subrayo, con insistencia, que un taller de rap… hace rap colectivamente; es como si varios escritores se sentaran en la misma mesa a leer en voz alta lo que minutos antes han escrito (…hermoso).

Por lo tanto se debe pensar o reformular la pregunta con el fin de fortalecer una sociedad que día a día se deteriora. Si creemos que el rap se aprende de forma individual, hay que preguntarnos los que hacemos Rap: ¿Qué trasmite mi Rap? ¿Qué estoy haciendo como rapero? ¿En qué medida me vinculo con mi sociedad Hip-Hop? Por el contrario, de creer en la necesidad de talleres: ¿Cuál es la concepción del rap que estoy trasmitiendo y de qué manera repercute en la sociedad Hip-Hop?

No encuentro motivos para estar en contra o a favor de alguna postura; pienso, desde luego, que ambas podrían nutrir y hacer florecer al Rap en México… en medida que nos nutramos y nos hagamos florecer.

 Así que sólo hay un camino, para quien ve un camino.

 Desde una cuarto con muchos ladrillos rojos.

Alan Rojas Ramírez

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