Creamos en lo que se nos dé la gana

Por: Katherin Corredor N. / Foto: www.seguridadinternacional.es

No se trata sobre el ateísmo, como coloquialmente se dice “no me gusta comer cuento”. Soy de las pocas personas que no se siente identificada con las religiones que nos ofrecen, pues me parece terrible el hecho de que pretendan crear conductas de comportamiento con base en los principios de la religión para el “beneficio" de nosotros o ¿el de ellos?

Las preguntas más comunes en la vida son ¿De dónde venimos?, ¿A dónde vamos?, Y ¿Para qué vamos? ¿Por qué dejar en mano de las religiones las respuestas que nosotros podemos encontrar? No sé, en el mundo hay mil formas de fe y esto me hace pensar en algo que alguna vez leí en internet: “será por la carencia de afectos o más precisamente a la casi nula voluntad de creer en nosotros”.

Aún no logro entender por qué la sociedad desde hace mucho tiempo se ha encargado de crear formas de fe las cuales se han traspasado de generación en generación, Colombia es el sexto país con más católicos en el mundo y en muchos casos no es por preferencia ni decisión propia sino por tradición, por eso a los que no hemos querido seguir esa tradición nos catalogan como ateos.

Todos somos únicos y por eso las experiencias deben serlo, va más allá de seguir los pilares de una vida perfecta: Estudiar, tener una familia y un trabajo estable solos podemos lograr hacer muchas cosas, basta con saber encontrar el significado de la vida con tiempo y sin afán, para así de esta forma saber si creer o no en un ser superior dejando de lado la influencia de cualquier religión. En fin, la fe es libre y Colombia como se enmarca en la constitución política de 1991 es un país libre, por ende permite a sus ciudadanos elegir en qué o en quién creer y si se quiere o no pertenecer a una religión.

Esto no es una iniciativa para que dejen sus religiones o empiecen con otra a ver cómo les va, es solo una reflexión, pues no todo lo que nos imponen lo podemos aceptar, porque entonces seremos nosotros el reemplazo de los caballos que antes se veían por las calles de Bogotá con sus ‘blinkers’ (lo que tenían en los ojos para ver solo al frente) creyendo solo en las versiones que nos ofrece la humanidad. La invitación también es a que investiguen es así como poco a poco se va descubriendo lo que nos gusta y lo que no.

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