El Aleph de KASE.O

Aunque suene como una típica pedantería literaria, no pude no experimentar algo similar a lo que alguna vez sintió Borges a finales de los cuarenta, en una casita de Buenos Aires, en el sótano, en la esquinita de las escaleras, cuando vio el Aleph y el populoso mar que había en su interior, el alba y la tarde de todos los días pasados y futuros, los ojos inmediatos escrutándose como en un espejo, todos los espejos del planeta en los que en vano Borges quiso hallar su propia imagen, las cartas obscenas de Beatriz Viterbo, él mismo viendo el Aleph y en el Aleph viéndose él mismo, todos los puntos del universo en el mismo punto y una novela nunca publicada de Robert Louis Stevenson.

Lo acepto… sí, es una pedantería. Pero mientras miraba absorto el videoclip de Kase.O -Repartiendo Arte- pensaba en ese pequeño cuento magistral en el que Borges afirma haber visto el infinito en una esfera de apenas un diámetro de dos o tres centímetros. Igual que el Aleph, durante unos pocos minutos, la nueva producción de Javier Ibarra nos sumerge en el infinito y la paradoja misma, como si estuviéramos atrapados entre dos espejos contrapuestos y nuestra imagen, y todo lo que viéramos se multiplicaran para siempre. Podemos jactarnos, entonces, de que además de la literatura fantástica, en el mundo del Hip Hop tenemos también nuestro fragmento de eternidad.

Hasta el momento no he hecho ninguna distinción cuando hablo de Repartiendo Arte. Me he referido al video y a la canción como si fueran una sola cosa, una sola esfera ilimitada, y eso se debe a que pienso que esta joyita alcanza su punto de máxima expresión cuando las rimas y las imágenes confluyen.

Mientras miramos hipnotizados cuadrados que pasan como anillos alrededor de una imagen que posiblemente representa a Zeus -funcionaría igual con la imagen de cualquier griego antiguo, mortal o inmortal, a estas alturas da lo mismo-, Kase.O nos anuncia lo que se viene: “Pasaporte con mi nombre rumbo al infinito”. Y de inmediato desaparece la cara de Zeus y las figuras geométricas cambian, formando triángulos, y en el centro de estos triángulos otro triángulo invertido (en el que se encuentra la doble hélice del ADN), y de fondo un palacio griego.

El uso de los símbolos y las figuras geométricas que acompañan las rimas es afortunado por varias razones: en primer lugar, los círculos, triángulos, cuadrados, pentágonos y líneas, representan muy bien y de manera clara la relación que hay entre lo abstracto y la eternidad. En segundo lugar, la referencia a los griegos nos recuerda las ideas filosóficas y matemáticas de los pensadores antiguos, como la paradoja de la infatigable carrera entre Aquiles y la tortuga que alguna vez formuló Zenón. Y por último, la aparición de la doble hélice del ADN alude al origen de la vida. Una explosión simbólica en tres, cuatro segundos. Un ejemplo claro en el video de donde las imágenes acompañan perfectamente a las rimas se da cuando Kase.O dice,

 

Brilla esta foto en la que floto, exploto. Dejo este universo roto y choco con otro, de hecho, yo formo otro, que fundo con otro, que junto con otro que sumo, resulto muchos nosotros, el punto de expansión total,

 

aparece una fotografía rectangular sostenida por dos manos, en donde aparece la imagen grisácea de una explosión, que contiene otra imagen grisácea de una explosión, que contiene otra imagen grisácea de una explosión… tal vez un uso sencillo de algunas escenas, pero contundente y armónico con la letra. Para concluir me gustaría citar algunas de las mejores líneas de “Repartiendo Arte” que aterrizan el concepto:

“Traigo el tacto de lo abstracto”.

“El origen del que todos los caminos salen y al que se dirigen, donde todos los posibles sucesos, suceden”.

Por: Sebastián Giraldo

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