Entre gritos y lamentos: El fin del Bronx

Por: Katherin Corredor N. / Foto Twitter: @intiasprilla

Desde el 28 de mayo del 2016 día en el que se realizó el operativo para destruir la reconocida calle del Bronx o la ‘L’ como era conocida por algunos, habitantes de la calle se han ido desplazando para lugares aledaños al centro, como se ha reportado en varios medios de comunicación la mayor parte de esta población se trasladó para el ‘SanBer’ a seguir con sus rutinas de calle.

Aun así, en Bogotá a cualquier hora es fácil toparse con uno que otro habitante de calle, ya que según un estudio realizado por la última administración, en la capital hay más de 13 mil habitantes de calle que en la mayoría de los casos buscan unas monedas, comida o simplemente hablar y contar sus historias. Daniel, para mí, aún joven, con tan solo 25 años “mal vividos” como él lo expresó, llegó pidiendo monedas y terminó compartiendo conocimientos y experiencias.

“Este es un mensaje claro, mano dura contra los criminales. No es un operativo contra los habitantes de calle, es un operativo para proteger a los niños explotados”

-Enrique Peñalosa

Más allá del logro de la alcaldía por desmantelar una zona de alto flujo de delincuentes, estupefacientes, explotación y demás, Daniel contó cómo vivió ese 28 de mayo, él no agradece que lo hayan sacado de allí, pues ese lugar era lo más parecido a un hogar que había encontrado.

Allí contaba con amigos que para bien o para mal siempre juntaban ‘fuerzos’ y terminaban pegándolo, ese era su diario vivir para acabar engomado con algún tema, tenía una habitación por la cual solo pagaba $2.000 pesos al día, para la alimentación bastaba con pararse frente a un restaurante o panadería a esperar aquella persona que se le conmoviera el corazón y le diera sobras o $1.000 pesos de pan. Nunca intentó hacerle daño a nadie,  pero por los estereotipos siempre le temían y la gente terminaba entregándole monedas y algunas veces hasta billetes.

Es difícil recrear esa madrugada, para Daniel lo más doloroso no fue que hayan acabado con el Bronx, sino que hayan actuado de tal manera, su principal razón eran los niños y en ese momento nadie pensó en ellos, entraron armados disparando entre gases lacrimógenos y bombas aturdidoras, armas letales que los dejaban sin escapatoria mientras que los ‘sayayines’ salvando su territorio disparaban por doquier. Se le quitó la traba y su intención era esconder a las mujeres y niños, mientras golpeaba a uno que otro que se atravesaba pero agotaba sus fuerzas, pues estaban acorralados y rodeados de balas y gases “en esas calles solo se escuchaban gritos y lamentos, sangre y más sangre”.

Ese lugar fue un hogar para muchas personas, entre ellos niños que además de vivir en el mundo de la prostitución y la drogadicción tuvieron que ser testigos de la cruel matanza de sus conocidos. No aprobaba que pasara eso, pero era una realidad que él no podía cambiar, pues solo era un habitante más allí. Daniel, con el afán de irse me preguntó si conocía la canción El Juicio de Nando Nandez, afirmé y mientras se iba caminando cantó y recreó esta estrofa:

“Ya va la madrugada,
me iba para el rancho cuando vi una emboscada,
los disparos venían
Los disparos salían, pensaba que yo
Estaba a favor de la policía
Saque una metralleta y dispare a lo loco
Acepto que esa noche yo les di muerte a un poco
Usted decidirá si me deja condenado (…)”

Gritó a lo lejos “¡Me sentí así!”.

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