Living for the Weekend: El legado del Soul

Para entender la historia musical de Norte América es necesario entender los contextos culturales que provocan su origen, la mayoría de géneros tienen como factor común el ser creados por genios provenientes de minorías oprimidas, violentadas y transgredidas de muchas maneras.

Por: Sebastián López

No pretendo justificar la postura de que para crear arte haya que sufrirlo, pero sin duda alguna los afro americanos de principios del siglo XX supieron transformar su llanto en melodía, swing, cool y bebop. El jazz es un homenaje a todas las personas que en algún punto se han sentido como forasteros en su propia nación.

Fueron los jóvenes de la época, chicos y chicas que gracias a su ímpetu y las ganas de tener una voz en medio de esta guerra racial (Racial Records), propagaron su mensaje en la música, y quienes a través de ella dieron a conocer a la sociedad que ellos también existían. El baile en el Savoy Ballroom a cargo de los sonidos de Charlie Parker (The Bird), las oraciones al espíritu santo evocadas por la hermana Rosetta Tharpe y el resultado de la mezcla del góspel, jump y jazz: el Rhythm & Blues clásico de la mano de Fats Domino.

Al mezclar estos tres géneros y detonarlos con la revolución cultural que trajo consigo la lucha por los derechos de los afroamericanos nace el Soul. Ray Charles en 1954 estaría a cargo de la creación del primer tema que el mundo conocería sobre este nuevo estilo musical “I Got a Woman”; otros pioneros tales como Sam Cooke, Solomon Burke y James Brown estarían estudiando de manera contemporánea los sonidos emergentes para empezar a crear el estilo definitivo que ha caracterizado al Soul; donde, si nos fijamos con atención, el cantante de Soul dirige su orquesta como párroco de una congregación cristiana que eleva el alma de los asistentes a un encuentro con sus pasiones más secretas.

Asistir a un concierto de James Brown era igual que contemplar las puertas del cielo, entre los bailes, la exaltación, la escenografía, el despliegue de brillos de los trombones y las ovaciones de quienes lo admiraban, así se generó una tendencia social entre pequeñas comunidades dentro de las grandes ciudades, que consistía en asistir todos los fines de semana a los bares y salones donde presentaban este tipo de música que llevaba al desenfreno del deseo y las pasiones de una noche ¡Así es!, estoy hablando puntualmente de sexo, drogas y mucho soul, ese era el lema de los miembros de esta cultura underground “Living for the weekend”.

Al principio a los eventos solo asistían afrodescendientes en la pista de baile, pero con el paso del tiempo los “blancos” formarían parte importante del movimiento demostrando que lo importante no es el color sino la música. Para la década de los 70’s el Soul era tan conocido y aclamado como el Papa. Invadía la mayor parte de Europa, incluyendo todo el cerco de Berlín oriental y occidental, acercando a los divididos por la guerra y a los despatriados de Europa del este y tomando finalmente gran fuerza en Inglaterra y Francia. La cultura del melómano se gesta en gran parte en Londres.

Para mediados de la época la mayoría de jóvenes eran amantes de los ritmos Soul pronunciados y de tempo alto, pero no les interesaba, en gran parte, lo que provenía de la disquera Motown de Detroit o su Motownsound, adquirían la mayoría de los discos de sellos independientes, locales o poco conocidos desde América, algo muy similar a lo que pasaba en Bogotá a mediados de los años 90 hasta el 2005, donde se despreciaba a las grandes disqueras y solo los discos ‘caletos’ llenaban las expectativas de los compradores. Un DJ de Northern Soul (como hacían llamar su movimiento inglés) debía tener en su repertorio músical temas que nadie hubiera escuchado antes y que ni la misma tabla de billboards hubiese publicado; en las fiestas se discutían temas como porque escuchar Marvin Gaye con su éxito “Aint No Mountain High Enough” o The Salvadors con “Stick By Me”, “Baby” o el baile de los hombres llamándose así mismos divas, sin camisa y llevados por completo por los ácidos, las chicas leían el periódico todos los días para ver que nuevos artistas estaban emergiendo y cortejaban a los DJ’s para que les confesaran sus canciones especiales o esos hits de la noche que reventaban las fiestas.

Este pequeño espacio en la historia definiría nuestra forma de ver la música en las generaciones venideras, la estrecha relación entre el movimiento underground y los excesos, sentirse como un extranjero que no encuentra espacio en su propia ciudad y la fundación de pequeñas comunidades que comparten un mismo interés. Alrededor de este mundo se crean todo tipo de leyendas urbanas y es aquí donde el folklore de una ciudad se determina por la cantidad de movimientos e historias que en ella convergen.

Si comparamos estas características con algunas de las premisas en las que se empieza a ser parte de una cultura urbana en Bogotá, no estaría tan loco decir que el Soul determino las reglas para poder ser parte de géneros venideros tales como el metal, el hip hop, el punk y demás, asistiendo a toques cada fin de semana y compartiendo experiencias con personas que están allí solo por la música y por hacer escena.

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