10 Shots|La Escritura

"A finales de los años sesenta un grupo de pequeños jóvenes neoyorquinos empezaron a dejarse ver, es decir, escribir o pintar profusamente sus nombres en los vagones y estaciones del metro, y desde entonces, lo que nació como una tímida tentativa de unos cuantos adolescentes se ha convertido en un movimiento que integra a miles de jóvenes, cuyas pintadas constituyen en muchas ocasiones murales inmensos y llenos de colorido" (Getting Up, Castleman, 1982)

Ahora bien, se han puesto a pensar ¿qué ha pasado con eso de "Dejarse ver" en lo que actualmente vivimos con el graffiti en la ciudad de Bogotá? Y aún más, ¿Qué pasa al nivel de Colombia? Para responder a estos interrogantes es necesario tener en cuenta varios momentos y situaciones que han marcado el surgimiento y desarrollo del movimiento artístico en las principales ciudades del país, ligado justamente a la expresión contestataria y efímera, así como al surgimiento de grupos o Crews que se consideran pioneros en esta disciplina, y cuyo trabajo ha permitido abrir las puertas a un movimiento creciente, que cada día va llenando cualquier espacio en blanco que se encuentre por las ciudades. Esto se debe apreciar debido a la evidente pérdida de la esencia básica, de aquellos códigos invisibles o directrices existentes en la práctica del graffiti, cuya ausencia es evidente para un gran porcentaje de casos en la nueva escuela o "nueva onda" del graffiti, donde muchos análisis puntuales nos pueden llevar al mismo dilema que ha existido desde los inicios del movimiento: ¿Calidad o cantidad?

Según menciona el director de la UGA (United Graffiti Artists) Hugo Martínez, este énfasis en la cantidad, en el Dejarse ver fue uno de los criterios principales para diferenciar a los Writers del metro de Nueva York de los creadores de las otras formas de expresión, tradicionales o no para la escritura mural, debiéndose principalmente a la intencionalidad, ya que la importancia singular otorgada al hecho de moverse, difundirse en la ciudad e ir dejando una marca por todos los recorridos habituales o no del individuo, representa un ejercicio de planeación y disciplina que no cualquier sujeto puede llevar a cabo. Así bien, se puede entender la intencionalidad de la escritura como un dominio general: hacerse conocer y comenzar a "marcar" los espacios dentro de la ciudad. Según menciona Castleman (1982) "el estilo es algo importante para los escritores. El escritor que demuestra un buen sentido del diseño y una habilidad considerable en el uso del spray puede ganarse rápidamente la admiración de sus compañeros e incluso de algunos observadores, sin embargo como decía Tracy168 : <<El estilo no significa nada si tu nombre no aparece con frecuencia. ¿Cómo va a conocer la gente tu estilo si no ve obras tuyas? >> "

Teniendo en cuenta lo anterior, pasamos al siguiente factor: la forma, que es sumamente importante en el graffiti, pues a medida que aumenta el tamaño y la complejidad de las obras " se da un alza correspondiente en el estatus que las acompaña. El hecho de adoptar un formato con un estatus superior no aportará fama al escritor, a no ser que éste se las arregle para dejarse ver muy frecuentemente con el formato que haya escogido para pintar su nombre." (Castleman 1982)

De tal manera, que el estilo y la forma son componentes fundamentales y complementarios en la escritura de graffiti, dirigidos por una intencionalidad representada en el deseo de ser conocido en la ciudad, debido a las intervenciones. Por ello muchos escritores dedican bastante tiempo a diseñar composiciones, practicar letras y ensayar nuevas formas y técnicas en los cuadernos de dibujo o Blackbooks antes de salir a pintar en las calles; entendiendo que desde sus inicios el graffiti ha involucrado un Proceso , en el cual se adquieren destrezas mediante el seguimiento de ciertos pasos para lograr un nivel significativo que refleje con la constancia el desarrollo de un estilo personal, así como la apropiación de técnicas que permitan explotar el talento y la creatividad de una manera que satisfaga los propósitos personales, conllevando a un reconocimiento; ya que como menciona Castleman " entre los escritores, el estilo demostrado en los cuadernos de dibujo no cuenta mucho. El que vale es el que se exhibe en el metro. Cualquier escritor con un mínimo de experiencia puede realizar un buen diseño sobre el papel, pero el lograr trasladarlo al lateral de un vagón de metro es algo muy diferente " Esta misma consideración se puede evaluar en el contexto actual del graffiti Colombiano, ya que los pioneros de esta práctica se vieron fuertemente influenciados por el contexto y la época, adaptando el formato, los materiales y demás a las condiciones sociales, políticas y económicas del país, resultando en una apropiación del writing que conformaría las bases del movimiento, ya que en Colombia no existía (ni existe aún) metro o algún sistema masivo que permitiera la difusión de las obras, por tanto los primeros escritores debieron lanzarse a las calles y hacer un estudio minucioso de los mejores lugares o spots para comenzar a plasmar sus obras en espacios públicos y privados,  exponiéndose a diversos peligros.

Por ejemplo, para el año 1993 Bogotá era la ciudad más violenta del país, y esto debido al fuerte contexto social y económico que se vivía durante esta época, donde los organismos estatales propendían por lograr una mal llamada Homogeneidad social, ya que como lo expone Gemma Galdón (1972) "hay una relación entre el miedo y las promesas de su control en el desarrollo de las ciudades, queriendo proporcionar seguridad a través de la eliminación visual de las víctimas de la industrialización" " Esos cambios resultan en una falsa imagen de un espejo roto de tranquilidad, como si el pasado efectivamente hubiese sido mejor. Irónicamente, mientras se incrementa el control, hay menos cultura cívica, para el caso de Bogotá: menos cultura ciudadana". Con la apropiación del graffiti en la ciudad, se comenzaron a formar los bandos de quienes lo practicaban contra quienes lo detestaban, significando que hasta la fecha actual, con la implementación del decreto 075 de 2013 hasta ahora se está haciendo un esfuerzo por definir apropiadamente qué es y para dónde va el graffiti en Bogotá, ya que desde su llegada, apropiación y durante su desarrollo el término graffiti se ha empleado no solamente para referirse al writing , sino para cualquier tipo de inscripción, rayón , marca, trazo, mensaje o pintada que se realice indiscriminadamente en alguna superficie visible o no de cualquier sitio de la ciudad. De manera que desde siempre el graffiti se ha visto sujeto a una mala interpretación y clasificación en imaginarios sociales, reinterpretaciones erróneas hechas por terceros y generalizaciones que han reproducido en el grueso de la población colombiana una connotación negativa de éste, significando para muchos una expresión contra la ciudad, un acto de vandalismo sin sentido o una agresión visual.

De manera que, este gran movimiento y sus implicaciones en las ciudades Colombianas han sido fruto, según menciona Santiago Castro en Errancia de "operaciones callejeras establecidas por ciudadanos que han intervenido su propia ciudad, generando cambios tanto en la arquitectura como en la forma de habitar la ciudad" entendiendo que "estas prácticas son detonantes para generar aproximaciones críticas sobre los usos del espacio público de Bogotá, haciendo visible el histórico problema entre la utilización de la calle planeada por los gobiernos de la ciudad y el empleo real y cotidiano de sus ciudadanos". Esto refleja la magnitud y alcance que ha tenido el graffiti como un medio de expresión y resistencia social, ya que no es apreciado ni aceptado por todos aquellos individuos que componen una ciudad o un estado. Cabe mencionar un fragmento de El francotirador paciente, de Pérez-Reverte (2013) donde el testimonio de un ex graffitero afirma que "según las autoridades, el graffiti destruye el paisaje urbano; pero nosotros debemos soportar letreros luminosos, rótulos, publicidad y autobuses con sus anuncios y mensajes estúpidos" poniendo en evidencia en primer lugar, la divergencia de pensamientos y concepciones entre las personas que conforman una sociedad como la nuestra, y en segundo lugar la ausencia de un ente validador, clasificador o que posea una crítica del juicio aplicable para el graffiti. Es decir, no existe en Colombia algo o alguien que pueda servir de referente a las personas e instituciones que ven e interpretan graffiti todos los días pero no conocen acerca de él, definiendo bajo qué criterios se considera o analiza una intervención en la calle: ¿qué es bueno, qué es malo?

Según Castleman (1982) "Los escritores son unos críticos muy severos con los estilos de sus colegas, por lo general cuando juzgan los méritos de una obra, suelen fijarse en la originalidad del diseño, el encadenamiento, delicado o torpe, de las letras llamado Flujo ( flow), en el brillo de los colores, el modo como está aplicada la pintura (los puntos negros y churretones son algo repudiado por todos), en la precisión y definición de los contornos, en el uso efectivo de los detalles (decoraciones que acompañan a las letras del nombre y que pueden variar desde simples líneas, espirales, flechas o estrellas hasta caricaturas o dibujos más complejos)" por ende, se podría asumir que una buena crítica a un graffiti puede provenir de un escritor, pero el problema radica, como se mencionaba anteriormente en el contexto de nuestras ciudades, ya que la pérdida progresiva de aquellas leyes implícitas que se propagaron con el graffiti y  le dieron moderación en sus inicios, repercute negativamente en el desarrollo del movimiento nacional;  siendo específicos al hablar de Backgrounding (tachar), "desde la aparición de los primeros graffitis en el metro de Nueva York existe, entre sus practicantes una ley tácita que les impide pisar, tachar o mutilar las obras de los demás. Según esta misma ley, la obra que ha sido pisada se considera destruida y se convierte en el blanco de todos los escritores." (Castleman, 1982) De manera que, estos códigos no escritos representan una regulación interna del graffiti, al categorizar ciertas jerarquías basadas en  factores ya mencionados como el estilo, la forma, la complejidad, la ejecución, el número de colores y por supuesto la calidad final de la intervención; suponiendo un respeto relativo como si se tratase de una gran familia. Estos códigos fueron propagados con los pioneros del graffiti nacional, entendiendo las dinámicas de su origen y las condiciones de adaptación que fueron surgiendo en las ciudades colombianas,  logrando visibilizar un movimiento creciente y contestatario con la realidad de un país inmerso en tantos conflictos.

Ahora bien, cabe citar que "En 1978 empezaron a aparecer sobre muchas obras pintadas en las líneas del IRT las palabras The Cross Outs, o sus iniciales TCO < Las tachaduras >.Se decía que los TCO eran un grupo de escritores carentes de todo estilo que superaban su frustración mutilando y dañando las obras de sus compañeros. En seguida se les juró venganza, pero nadie pudo adivinar quiénes eran" " Tracy168, que perdió un vagón entero a manos de los TCO afirma: No sé quien lo hizo, pero se perdieron un montón de obras muy buenas. Era como si alguien fuera a un museo y rasgara todos los cuadros. Un verdadero crimen". Según esto, tristemente es evidente aceptar que en pleno 2015, realmente el graffiti colombiano está plagado de muchísimos grupos que hacen lo mismo que los TCO, en todas las ciudades y barrios, para los cuales el vinilo precariamente rendido ha sustituido la práctica del graffiti 100% en aerosol, y no se trata de desvirtuar o desprestigiar el uso del vinilo en el graffiti, pero si pensar un poco en ¿qué y porqué se esta haciendo en las calles?, si bien hemos llegado a la época del graffiti en gran formato, del Street art,  de la "aceptación" social del arte urbano  y de las autoproclamaciones por pintar lo que sea en las alturas (así sea de mala calidad), esto no responde a una evolución verdadera del movimiento, por el contrario vemos como la historia y los principios se pisotean por doquier, cómo el respeto hacia la vieja escuela del graffiti se convierte en un juego de Egos, como en vez de promover una resolución de conflictos de manera no violenta, ya tenemos difuntos que han marcado la memoria colectiva, y aún más cómo el uso del internet y la masificación ha denigrado el movimiento a tal punto que cualquier simplón sin talento, con un vinilo y un rodillo a la mano se autodenomina "Graffitero". Esa ruptura en los códigos del graffiti se refleja en una saturación de espacios, donde es evidente la ausencia del mencionado proceso que se debería llevar a cabo en la escritura: encontramos muchas obras de mala calidad, pocas de buena calidad ( las que no han dañado aún), bajo esfuerzo por la limpieza de las obras, estilos copiados de internet, etc. y aún más preocupante: Ya no se respeta la jerarquía, se puede decir que prácticamente cualquier obra es vulnerable de ser dañada con cualquier cosa. Por ejemplo, un muro que puede involucrar 200 aerosoles y tres días de trabajo fácilmente desaparece en una noche por la acción de uno de estos mal llamados "graffiteros" que con un vinilo mal preparado y trazos sucios dañan cualquier obra que se les atraviese bajo el pretexto de "Yo estaba primero" o "mis letras son mejores" así sea evidente lo contrario, o sencillamente se dedican a dañar el trabajo de los demás cuando su estilo no destaca, porque como dice una frase popular "quieren correr sin haber aprendido a caminar y gatear".

Finalmente, es necesario llegar a una reflexión colectiva para que como movimiento artístico se logre rescatar esa esencia del graffiti, donde la sana competencia permita mejorar la calidad de las intervenciones y la apropiación de las técnicas y formatos en pro de una construcción de territorio, de un empoderamiento hacia nuevas herramientas y porque no, el aprovechamiento de aquel "reconocimiento social" con el que cuenta el graffiti hoy en día, que no se tenía hace siete o diez años, y está ligado al crecimiento estructural y demográfico de la ciudad, que por ende suscita mayores contenidos culturales y la necesidad de orientación  en las nuevas mentes que son como esponjas absorbiendo  día a día lo que consumen en televisión, internet, amigos y demás. Se podría afirmar que los escritores de graffiti cargan implícitamente una responsabilidad social , ya que son parte en el aquí y ahora de hacer el cambio, instruir, construir, compartir y en lo posible direccionar a muchos jóvenes que hasta ahora comienzan a pintar pero no conocen la historia e implicaciones que hay detrás de todo este movimiento, ya que si esto utópicamente sucediera, algunos personajes de esta oleada de nuevos "escritores" con el dinero que les da papá para sus aerosoles, tal vez podrían comprar primero un buen libro antes de salir a jugar a los chicos malos y aportar una mancha más en el collage que se aprecia en las calles de Bogotá, y con el tiempo sí sería posible una práctica responsable del graffiti, logrando ciudades reconocidas y respetadas por sus espacios resignificados con buenas obras, pintadas desde el suelo hasta el techo, sin que esto genere tanta polémica, con verdaderos writers que tengan una postura clara y gran convicción. Para Castleman (1982), una quemadura (Burn) constituye el término de aprobación general de los escritores ante una obra o un estilo en particular, asi que "para hacer una quemadura, el escritor ha de tener un buen sentido del diseño, un gran dominio de la técnica de la pintura con spray y cierta capacidad para trabajar con tiento y rapidez en las difíciles condiciones de los apartaderos y cocheras, bajo la amenaza constante de ser pillado. Los escritores consideran que el conseguir realizar una quemadura es un ejemplo de verdadera elegancia en unas condiciones totalmente desfavorables, y aquellos que se dejan ver una y otra vez con un estilo firme y consistente son admirados por su valor tanto por su técnica"

Entonces… en la escritura qué creen que importa más ¿Calidad o cantidad?

Por: CEST ONE

Referencias:

- http://feedgrids.com/originals/post/graffiti_legends_artists_that_sparked_pop_culture_phenomenon

- Castleman, Craig. Getting up. 1982

- Textos Bogotá S.A.S. Programa Artecámara. Errancia. Julio de 2015.

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